Cuando la gente se queda callada en el trabajo, normalmente no es buena señal. El desenganche no comienza con una carta de dimisión. Todo empieza con el silencio. El compañero que solía lanzar ideas de repente simplemente asiente. El que dio un feedback honesto ahora dice: "Todo está bien." Los líderes a menudo confunden el silencio con la armonía, pero el silencio no significa felicidad. Significa que han dejado de creer que su voz importa. Aquí viene la parte aterradora: los empleados desmotivados pueden seguir pareciendo productivos. Siguen apareciendo, cumpliendo plazos y sonriendo en las reuniones. Pero dentro, ya han hecho el check-out. Cuando te das cuenta, la confianza se ha roto, y es casi imposible recuperarlos. Por eso los mejores líderes no solo miden la producción. Prestan atención a la energía, la chispa y el silencio que habla más que las palabras. ¿Has visto a alguien quedarse en silencio mucho antes de presentar su dimisión?