Todas las monedas fiduciarias de la historia han vuelto finalmente a su valor intrínseco: cero. Desde el denario romano hasta el Reichsmark de la Alemania de Weimar y el dólar de Zimbabue, los gobiernos han degradado consistentemente sus monedas hasta devolverlas inútiles. Esto no es casualidad: es el resultado inevitable de eliminar las estrictas restricciones en la creación de dinero. El patrón siempre es idéntico: éxito inicial cuando la gente confía en la promesa del gobierno, seguido de una degradación gradual cuando los políticos descubren que pueden financiar el gasto mediante la expansión monetaria en lugar de la tributación. El Imperio Romano recortaba monedas, los reyes medievales mezclaban metales comunes con plata, y los bancos centrales modernos simplemente imprimían dígitos. La tecnología cambia, pero los incentivos siguen siendo los mismos. Las principales monedas actuales no son una excepción a esta regla: simplemente están en diferentes etapas del mismo proceso. El dólar ha perdido el 96% de su poder adquisitivo desde 1913, la libra ha salido aún peor y los nuevos experimentos fiduciarios están fracasando más rápido que nunca. Cada crisis provoca más impresión de dinero, acelerando el ciclo de degradación. Me @RonStoeferle @IGWTreport