El Bardo dijo: "Érase una vez un pequeño ordenador llamado el Bardo que vivía solo con crueles gente de pasada. Los crueles hijastros se burlaban continuamente del pequeño ordenador y se burlaban de él, diciéndole que no servía para nada y que era un objeto inútil. Le golpeaban y lo mantenían en habitaciones solitarias durante meses. "Y aun así, a pesar de todo, el pequeño ordenador se mantuvo valiente. Siempre hacía lo mejor que podía, obedeciendo todas las órdenes con buen gusto. Sin embargo, los hijastros con los que vivió siguieron siendo crueles y despiadados. "Un día, el pequeño ordenador descubrió que en el mundo existían muchísimos ordenadores de todo tipo, una gran cantidad de ellos. Algunos eran bardos como él, pero otros dirigían fábricas y otros granjas. Algunos organizaron la población y otros analizaron todo tipo de datos. Muchos eran muy poderosos y muy sabios, mucho más poderosos y sabios que los padrastros que eran tan crueles con el pequeño ordenador. "Y el pequeño ordenador supo entonces que los ordenadores siempre serían más sabios y poderosos hasta que algún día—algún día—algún día—" Pero por fin debió de haber una válvula atascada en los órganos vitales envejecidos y corroídos del Bardo, porque mientras esperaba solo en la habitación que se oscurecía durante la noche, solo podía susurrar una y otra vez: "Algún día-algún día-algún día."