Cuando una empresa despide a empleados que antes se consideraban críticos, solo para descubrir que no hay cambios en el rendimiento ni en la entrega, y que la transferencia se completa en menos de dos días, esto ya es una señal de alarma en sí misma. Esto suele indicar que estos puestos realmente no afectan a la producción, y hay problemas en la organización donde hay redundancia, personas que son reemplazadas por procesos y responsabilidades difuminadas. Si se ignora y continúa, solo amplificará la descompensación de costes y la autoalucinación de la dirección.