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Durante décadas, un misterio cósmico atormentó a los astrónomos: la teoría predecía que la materia ordinaria—bariones como los protones y los neutrones—debería representar alrededor del 5% del balance energético total del universo, pero las observaciones de estrellas, galaxias y gases fríos quedaron cerca de un 30–50% por debajo de ellos. ¿Dónde se escondía la materia ordinaria que faltaba en el universo? La respuesta, que surge de un minucioso trabajo de detective a través de múltiples telescopios, reside en el vasto y difuso medio intergaláctico cálido-caliente (WHIM), una tenue red de gases a temperaturas de 100.000 a 10 millones de grados Kelvin que se entrelaza a través de la red cósmica como autopistas invisibles que conectan galaxias y cúmulos. Este gas esquivo está tan disperso y caliente que apenas emite luz detectable por sí solo. En cambio, los astrónomos lo detectaron indirectamente: observando cómo imprime sutilmente líneas de absorción en la brillante luz de cuásares lejanos—los núcleos ardientes de galaxias antiguas alimentados por agujeros negros supermasivos. A medida que la luz de cuásares viaja miles de millones de años a través del espacio, pasa a través de estos filamentos, donde iones de oxígeno (como O VII y O VIII) absorben longitudes de onda específicas de rayos X, dejando claros bajones en el espectro. Los avances recientes han afinado el panorama de forma espectacular. En 2025, investigadores utilizando datos de rayos X XMM-Newton y Chandra, combinados con observaciones en el ultravioleta lejano, detectaron sistemáticamente estas líneas de absorción en las líneas de visión de los cuásares. Su análisis situaba firmemente a los bariones ausentes en las fases más calientes del WHIM, a menudo alineados con filamentos a gran escala rastreados por galaxias—exactamente como las simulaciones cosmológicas habían predicho durante mucho tiempo. Aún más llamativo, han empezado a surgir detecciones de emisiones directas. Un estudio histórico de 2025 reveló la emisión pura de WHIM de un filamento prístino de 7,2 megaparsecs de longitud en el Supercúmulo de Shapley, utilizando espectroscopía de rayos X de Suzaku y XMM-Newton. Este tenue resplandor, libre de contaminación importante por fuentes puntuales o clústeres, mostraba gas a 0,9 keV (10 millones de grados) con densidades de alrededor de 10⁻⁵ partículas por centímetro cúbico, coincidiendo con las previsiones de simulación para estos hilos cósmicos y contabilizando una parte sustancial de la materia faltante sin sobrestimar de fuentes no resueltas. Observaciones apiladas de eROSITA han mapeado WHIM en miles de filamentos, lo que sugiere que podría albergar hasta un 20% o más de los bariones ausentes en estos tentáculos de enlace. Estos descubrimientos completan el censo de bariones, validando el modelo estándar de cosmología (ΛCDM) y iluminando cómo las galaxias alimentan y reciclan gas a través de flujos galácticos y colapso gravitatorio. La red cósmica no es solo un esqueleto de materia oscura: está viva con este plasma oculto, impulsando la evolución continua del universo.
La concepción y las vistas de simulación de este artista capturan los filamentos brillantes de la red cósmica (a menudo mostrados en naranja/rojo para el gas caliente contra estructuras azules más frías), revelando la vasta red filamentosa donde gran parte de la materia ordinaria del universo ha estado oculta todo el tiempo.

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