El exterior sereno y marcado de Júpiter oculta un secreto turbulento en lo más profundo. Desde lejos, el rey de los planetas parece casi engañosamente simple: nubes giratorias de hidrógeno y helio. Pero la misión Juno de la NASA ha arrancado esa ilusión, revelando un interior tremendamente complejo que no es nada uniforme. Utilizando el instrumento ultra-preciso Gravity Science de Juno, los científicos han descubierto que Júpiter alberga entre 11 y 30 masas terrestres de elementos pesados—a menudo llamados "metales" en astronomía (piensa en carbono, oxígeno, nitrógeno y materiales rocosos/helados). Estos no están distribuidos de forma uniforme por todo el planeta; en cambio, están muy concentrados hacia el centro, creando una estructura estratificada e inhomogénea. Este descubrimiento da la vuelta a teorías largamente arraigadas sobre la formación de gigantes gaseosos. Los modelos clásicos favorecían el crecimiento de Júpiter barriendo suavemente pequeñas piedras de la nebulosa solar temprana. Pero la distribución desigual de los metales apunta a una historia de origen más dramática: probablemente Júpiter devoró enormes planetesimales rocosos—bloques de construcción del tamaño de pequeños planetas—al principio de su vida. Estos grandes trozos se sumergieron profundamente en la gravedad del joven Júpiter mucho antes de que el planeta se atiborrara rápidamente de enormes cantidades de gas. A diferencia de los guijarros ligeros que podían dispersarse fácilmente, estos enormes planetesimales se hundían hacia dentro, enriqueciendo el interior profundo. Este escenario híbrido "dominado por planetesimales" explica mejor los datos que la pura acumulación de guijarros. ¿Aún más sorprendente? El interior de Júpiter no gira como una olla hirviendo, como asumieron generaciones de modelos. La convección profunda es sorprendentemente limitada, dejando capas que permanecen tercamente separadas. Esto desafía todo lo que creíamos saber sobre cómo circula el material dentro de los gigantes gaseosos. Las implicaciones se extienden mucho más allá de nuestro sistema solar. Si otros exoplanetas gigantes comparten esta estructura estratificada y enriquecida con metales, telescopios como James Webb podrían estar subestimando su verdadero contenido de elementos pesados—lo que podría reescribir la forma en que interpretamos mundos distantes. Júpiter no es solo un gigante: es una Piedra de Rosetta cósmica, que nos obliga a replantearnos cómo nacen y evolucionan los planetas a lo largo de la galaxia. TRABAJO DE INVESTIGACIÓN Y. Miguel et al., "El envolvente inhomogéneo de Júpiter", Astronomy and Astrophysics (2022)