No soy ni mucho menos un experto en relojes. Está muy fuera de mi ámbito. Dicho esto, he notado una tendencia social interesante en los últimos años. Parece que Rolex ha ido perdiendo poco a poco su dominio como verdadero símbolo de estatus. Obviamente, Rolex fabrica relojes de excelente calidad. No hay debate en ese sentido. Sin embargo, a partir de los años 80, poseer un Rolex pasó a ser cada vez menos una cuestión de artesanía y más de señalar exclusividad y riqueza dentro de las clases sociales más altas. Hoy, esa señal se siente diluida. Tengo familiares y amigos que ganan menos de 70.000 dólares al año y poseen un modelo Rolex más antiguo. Esa observación plantea un tema más amplio sobre los hábitos de gasto en Estados Unidos, pero eso es un tema aparte. El punto principal es este: en los últimos años, he notado que la marca aparece mucho más a menudo en zonas de clase trabajadora y de bajos ingresos. Ese nivel de visibilidad sugiere saturación. Con el tiempo, esa saturación erosiona naturalmente la percepción de exclusividad y, en mi opinión, va erosionando poco a poco el dominio de Rolex como símbolo de estatus entre los coleccionistas serios de relojes.