Mi padre venía del polvo de carbón y la ansiedad. Mi padre nació en un pueblo minero pobre en el noreste de Pensilvania. No hay calentador de agua. Bañera en la cocina. Siete niños bañándose antes del colegio mientras mi abuela calentaba agua en la cocina. Eso era normal. Así era la vida. Si retrocedes lo suficiente en mi árbol genealógico, son jornaleros, agricultores feudales — gente atada a la tierra sin nada que perder. Mi abuelo extraía carbón. Mi padre manejaba una grúa. Sin riqueza. Solo trabaja. Y cuando el trabajo se ralentizó, el estrés llenó la casa. Así que aprendes pronto lo frágiles que son las cosas. Gastos frente a ingresos. Horas extra significan alivio. Una recesión significa miedo. A los 11 o 12 años, me tocó una ruta de periódicos. Para el 76, ganaba cincuenta y cinco dólares a la semana. La mayoría se lo di a mi madre. Guardé un poco para mí. De ahí viene el filo. Cuando creces así, no romantizas la lucha — planeas tu escape. Te educas. Aspiras a un trabajo de cuello blanco. Decides que la historia no termina donde empezó. Ese esfuerzo no es opcional. Es hereditario. Me encantó esta conversación con @KevinWSHPod