Durante algunos de los momentos más oscuros de mi vida, lo mejor que hice por mi salud mental fue aceptar por fin que nada iba a mejorar mágicamente por sí solo. Tenía que ser yo quien diera el primer paso. Suena triste, pero es el primer mensaje. Buscar ayuda o quedar con la gente. Solicitar plaza en el programa/trabajo/lo que sea aunque el rechazo parecía inevitable. Le parecía injusto. Parecía que a todos los demás les habían dado la vida mientras yo tenía que luchar por cada pequeña victoria. Pero hacer lo que pude con la poca energía y valor que tenía antes de dejar el resto al azar o a Dios siempre me ha ayudado a salir de un agujero porque, eventualmente, habría algún tipo de progreso que esperar.