No es cuestión de presumir. Es una cuestión de contexto histórico. Mis compañeros y yo, nacidos en los años 90, crecimos en una época en la que, si querías aprender algo, realmente tenías que esforzarte por ello: bolígrafo, cuaderno, errores, intentos, tiempo. No había tutoriales de 30 segundos. Nada fue explicado, resumido ni simplificado. Esto te obligó a desarrollar razonamiento, paciencia, memoria y pensamiento crítico. No podías copiar: tenías que entender. Hoy en día, mucha información es inmediata, rápida y preempaquetada. El problema es no tener todo disponible ... es que a menudo carecemos de la capacidad para aplicarla, para resistir la frustración, para construir un proceso. La diferencia no está en el CI. Es en el entrenamiento mental. Quienes aprendieron por las 'malas' desarrollaron una estructura. Quienes lo tienen todo listo corren el riesgo de saltarse los cimientos. Y sin cimientos, cuando surgen dificultades, te derrumbas. La verdadera ventaja es no ser más inteligente. Es haber aprendido a pensar.