A principios del siglo XIX, los hombres holandeses estaban entre los más bajos de Europa, con una altura promedio de solo 5'4" (163 cm). La pobreza, la mala sanidad y el acceso limitado a alimentos nutritivos mantenían bajas las tasas de crecimiento. Muchas familias luchaban por permitirse dietas ricas en proteínas, las enfermedades infantiles eran comunes y la mortalidad infantil era alta. La altura, que es uno de los indicadores más fuertes de la salud general de una población, reflejaba las difíciles condiciones de vida de la época. Todo comenzó a cambiar a finales de 1800 y principios de 1900, cuando los Países Bajos experimentaron una gran transformación social y económica. Las reformas en salud pública mejoraron la sanidad y redujeron las enfermedades, mientras que la creciente prosperidad hizo que la leche, la carne y el queso, alimentos básicos de la dieta holandesa, fueran ampliamente accesibles. El país también invirtió fuertemente en atención médica materna e infantil, lo que mejoró drásticamente las tasas de supervivencia y permitió que los niños crecieran hasta su máximo potencial genético. A mediados del siglo XX, los holandeses ya estaban ascendiendo en las clasificaciones de altura global. Para el siglo XXI, los Países Bajos se habían convertido en un líder mundial en nutrición, atención médica y estándares de vida. La altura se volvió auto-reforzante: estudios muestran que en los Países Bajos, los hombres más altos históricamente tenían más hijos, amplificando sutilmente la altura a través de las generaciones. Combinado con una excelente atención médica, un alto consumo de lácteos y un sólido sistema de bienestar, los hombres holandeses alcanzaron una altura promedio de 6'0" (183 cm) para 2025. © The Historian's Den #drthehistories