He estado publicando repetidamente en X sobre el colapso extraordinariamente rápido de nacimientos en todo el planeta: en países ricos y pobres, en economías de rápido y lento crecimiento, en sociedades religiosas y seculares, bajo gobiernos de derechas e izquierdas, con impuestos altos y con impuestos bajos. El patrón es universal. Sabía que esta tendencia continuaría. Aun así, las cifras publicadas esta mañana me dejaron genuinamente sin palabras. El gobierno chino anunció el lunes (ver captura de pantalla abajo) que los nacimientos en 2025 cayeron a 7,92 millones, un asombroso 1,62 millones menos que en 2024, y que la tasa total de fertilidad ha bajado a 0,93. Pocos economistas han sido más contundentes que yo al argumentar que los nacimientos están disminuyendo, pero incluso yo me sorprendieron estas cifras. Yo estaba prediciendo alrededor de 8,5 millones de nacimientos, no 7,92. Para ponerlo en perspectiva: si China pudiera mantener de alguna manera 7,92 millones de nacimientos al año a partir de ahora, su población acabaría estabilizándose en unos 625 millones, muy por debajo de los 1.405 millones actuales. En realidad, a medida que cohortes más pequeñas alcanzan la edad fértil, los nacimientos caerán muy por debajo de los 7,92 millones. Por tanto, 625 millones es un límite superior muy generoso, incluso bajo supuestos poco probables sobre la esperanza de vida. Dicho de otro modo, hubo menos nacimientos en China en 2025 que en 1776, año en que Estados Unidos declaró su independencia. Todavía estoy intentando procesar estos números. Este es el tema definitorio de nuestro tiempo.