En un derbi cósmico de demolición que acaba de reescribir los libros de récords, los astrónomos han capturado la colisión de agujeros negros más colosal jamás presenciada: una fusión apocalíptica tan feroz que sacude nuestra comprensión del universo. El 23 de noviembre de 2023, los oídos ultrasensibles de la red LIGO–Virgo–KAGRA captaron el estruendoso rugido de ondas gravitacionales denominado GW231123. Dos agujeros negros titánicos —uno con un peso aproximado de 137 masas solares y otro unas 103 masas solares (con cierto margen en las mediciones)— habían estado atrapados en una espiral de muerte durante eones antes de chocar a casi la velocidad de la luz. El cataclismo dio lugar a un único y monstruoso agujero negro de masa intermedia que alcanzó aproximadamente 225 masas solares, eclipsando al anterior poseedor del récord GW190521 como un campeón de peso pesado noqueando a un aspirante en el primer asalto. ¿Qué hace que este evento sea realmente impresionante? Ambos agujeros negros progenitores giraban a velocidades vertiginosas, cerca del límite absoluto permitido por la relatividad general de Einstein, arrastrando el propio espacio-tiempo a un violento remolino. No son restos estelares comunes y corrientes; Están en lo más profundo de la infame brecha de masa de inestabilidad de pares, una zona prohibida donde los modelos estándar de muerte estelar insisten en que los agujeros negros deberían ser raros o ¿acaso existieron tales colosos? El principal sospechoso: las fusiones jerárquicas. Probablemente estos monstruos engordaron al tragarse pares de agujeros negros anteriores a lo largo de la historia cósmica, acumulando masa como una bola de nieve galáctica rodando cuesta abajo. Sin embargo, los giros extremos y las masas precisas mantienen a los teóricos en tensión: algunos escenarios exóticos (¿orígenes primordiales? ¿acumulación jerárquica en densos grupos?) siguen susurrando en los datos. Esto no es solo un gran estruendo; Es un desafío directo a cómo pensamos que las estrellas masivas viven, mueren y reencarnan como agujeros negros. La fase de apagado limpio de la señal incluso nos permite "oír" al gigante recién nacido asentándose en su nueva forma, ofreciendo la prueba más aguda hasta la fecha de relatividad general en el régimen de campos fuertes. PREPRINT DE ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN "GW231123: una fusión binaria de agujeros negros con masa total de 190–265 M⊙", The LIGO Scientific Collaboration, the Virgo Collaboration, the KAGRA Collaboration, arXiv (2025