Algunos lo llaman comunidad, pero en realidad es vigilancia. En América Latina, tus vecinos o la tía entrometida en realidad no están velando por ti. Te están vigilando, registrando quién entra y sale, qué haces y si te estás haciendo demasiado grande para el barrio. También son los primeros en quejarse, cotillear y difundir suciedades.