Trabajas todo el día y luego estás con tus hijos, intentas pasarlo bien, intentas enseñarles, intentas ser un buen ejemplo, intentas darles una buena infancia que recuerden, y tratas de estar presente — ¡maldita sea, necesito estar presente! - pero es difícil cuando se hacen tarde, se acerca la hora de dormir, cuando su locura se hace sentir y tu cansancio también. Y te molestas, y te cansas de que salgan a por otro trago de agua, o más libros, o algún peluche, o alguna otra excusa que se hayan inventado solo para no tener que irse a la cama. Y solo quieres que se metan en la cama y se vayan a la cama, y luego, cuando están en la cama, y ya no oyes más rebotar por las paredes, ni gritar y chillar, ni reír ni hacer tonterías, te sientes mal, los echas de menos, sientes que has sido duro o cruel, y deseas ser mejor padre aunque jures que estás haciendo lo mejor que puedes. El final del día es cruel para los padres.