Seamos claros sobre algo que a la sociedad le gusta rodear: Cuando un adolescente se enamora de ti, no es un cumplido a tu estatus, tu aspecto o tu "juego". Es una prueba de tu integridad, una que demasiados adultos están fallando. Ese niño no busca pareja; Buscan validación, a menudo imitando lo que ven en pantallas, completamente ajenos a las dinámicas de poder en las que se enfrentan. Ellos son ingenuos, pero tú no. Tu trabajo como adulto en la sala no es "seguir el juego" porque alimente tu ego ni usar la laguna de "bueno, ellos dieron el primer paso". Tu obligación moral es ser el límite firme que ellos aún no tienen la sabiduría de establecerse. Trátalos como a hermanos pequeños. Ignora los avances. Apágalo. Porque dentro de 10 años, cuando la confusión de la pubertad se desvanezca, esa persona te mirará de nuevo. ¿Quieres que recuerden a un adulto seguro que les protegió de su propia necedad? ¿O quieres ser el villano en su sesión de terapia que se aprovechó de un niño que no sabía mejor?