En 1973, ocho personas perfectamente sanas ingresaron en hospitales psiquiátricos de todo Estados Unidos. Ninguno de ellos estaba enfermo. Nadie dentro se dio cuenta. 🧠 Esto no fue un accidente. Fue un experimento diseñado por el psicólogo David Rosenhan para responder a una pregunta inquietante. ¿Pueden los profesionales distinguir de forma fiable entre salud mental y enfermedad mental? Para averiguarlo, Rosenhan reclutó a ocho personas corrientes. Pintor. Ama de casa. Un pediatra. Un estudiante de posgrado. Solo mintieron sobre una cosa. Dijeron que oyeron voces. Solo tres palabras. "Vacío." "Hueco." "Thud." Eso era suficiente. Los ocho fueron admitidos. En cuanto entraron en los hospitales, dejaron de fingir. Se comportaron con normalidad. Cooperaron. Pidieron ser dados de alta. 🚪 Nunca funcionó. Cada acción normal se reinterpretaba como un síntoma. Escribir notas se convirtió en un comportamiento obsesivo. Esperar en silencio se convirtió en una búsqueda patológica de atención. La cortesía se convirtió en un comportamiento controlado compatible con una enfermedad. A siete se les diagnosticó esquizofrenia. Uno con depresión maníaca. Ningún miembro del personal los identificó como sanos. Pero los pacientes sí. Pacientes reales se acercaron y susurró: "No eres como los demás. No perteneces aquí." Los considerados enfermos vieron lo que los profesionales formados no pudieron. La estancia media era de 19 días. Una persona permaneció hospitalizada durante 52 días. ⏳ Cada día reforzaba la misma verdad. Una vez etiquetada, la realidad dejó de importar. Cuando Rosenhan publicó Sobre la cordura en lugares insanos, el mundo psiquiátrico estalló. Un hospital le retó a enviar nuevos pseudopacientes, confiando en que los atraparían. Rosenhan estuvo de acuerdo. Durante los meses siguientes, ese hospital identificó a 41 supuestos impostores. Rosenhan no había enviado a nadie. Ni una sola persona. La conclusión era inevitable....