Shaquille O'Neal creció escuchando que nunca llegaría a ser gran cosa. Era el chico suspendido, que tenía dificultades en clase y que era descartado como el gran atleta. Lo que cambió fue que decidió que nunca más quería sentirse perdido ni menospreciado en los negocios. Shaq dijo que cuando entraba en reuniones, los ejecutivos hablaban con su agente en lugar de con él. Le pareció una falta de respeto. Él era quien firmaba los acuerdos y tomaba las decisiones finales, así que decidió formarse. Obtuvo una licenciatura, luego un máster en negocios y finalmente su doctorado. El objetivo era sencillo. Quería respeto, comprensión y control sobre su propio futuro. En el camino, se dio cuenta de que aprender no era algo a lo que temer. Un compañero le ayudó a ver que la escuela podía abrir oportunidades. A partir de ahí, Shaq se inclinó, estudió, hizo preguntas y organizó su propia cumbre anual de negocios. Esas decisiones dieron resultado. Hoy en día, sus inversiones, patrocinios y asociaciones le generan más que toda su carrera en la NBA. Pero él insiste en que no se trata solo de dinero. Se trata de confianza, curiosidad y de divertirse construyendo cosas con personas en las que confía. Shaq incluso habla ahora de la facultad de derecho, no para ser abogado, sino para que nadie vuelva a interrumpirle. Para él, la educación se convirtió en el movimiento supremo de poder.