Ayer, en Nochevieja con mis hermanos, me fui de la escena después de cantar, y cuando sopló el viento frío, pensé que había bebido demasiado y empecé a alucinar. No fue hasta que abrí el álbum y lo miré durante mucho tiempo que me di cuenta de que no era una ilusión: debería haberme comido una calabaza de azúcar hecha de tiras picantes. Tiene que ser el noreste, donde todo puede ser mecido como calabaza de azúcar.