Imagina esto: perder un 30–33% de tu peso corporal en una sola visita al baño. Para el perezoso de tres dedos, eso es exactamente lo que sucede, y no es solo inconveniente; es un viaje de alto riesgo, de vida o muerte. Estos habitantes de la copa de los árboles, que se mueven lentamente, pasan casi toda su vida en lo alto de los árboles, rara vez tocando el suelo. Sin embargo, cada siete días, emprenden un descenso peligroso al suelo del bosque para defecar. En el suelo firme, sus largas garras curvadas y extremidades especializadas los hacen torpes y lentos, convirtiéndolos en blancos fáciles para depredadores como jaguares, pumas y águilas arpías. Una vez allí, el perezoso excava cuidadosamente un pequeño "agujero de baño" en la base de su árbol favorito, un comportamiento ritualizado que aún desconcierta a los científicos. Luego viene la gran liberación: un solo movimiento intestinal puede pesar hasta un tercio de la masa corporal total del perezoso, lo equivalente a que un humano de 150 libras pierda repentinamente entre 40 y 50 libras de una sola vez. ¿Por qué arriesgarse a tal peligro en lugar de simplemente dejar caer los desechos desde las ramas como muchos otros habitantes de los árboles? La teoría principal implica una fascinante relación simbiótica: los perezosos albergan un ecosistema único de polillas en su espeso pelaje. Estas polillas ayudan a fertilizar las algas que crecen en el pelaje del perezoso, una parte clave de su dieta basada en hojas y de bajo consumo energético. El viaje semanal al suelo puede ayudar a mantener este delicado ciclo. Cualquiera que sea la razón evolutiva, este extremo ritual de baño se destaca como uno de los comportamientos digestivos más dramáticos y peligrosos en el reino animal. [Pauli, J. N., Mendoza, J. E., Steffan, S. A., Carey, C. C., Weimer, P. J., & Peery, M. Z. (2014). Un síndrome de mutualismo refuerza el estilo de vida de un perezoso. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences]