Tanto si estás a favor como en contra, la realidad es que no hay ningún acuerdo que merezca la pena que el régimen acepte. La propia naturaleza de la República Islámica —y las creencias personales de Jamenei— es que no se cede ni se negocia. Jamenei se oponía al JCPOA, pero dio luz verde a regañadientes, y en su opinión, se demostró que tenía razón tras la retirada de Trump. Si Jamenei estuviera realmente interesado en un acuerdo, podría haber conseguido uno — uno muy bueno — hace mucho tiempo. La República Islámica se fundó sobre la idea de que Irán había sido humillado por el compromiso — por la negociación y por la confianza en Occidente. En la mente de Jamenei, la supervivencia no depende del alivio económico sino de la resistencia. Y no importa si esa resistencia se produce a costa de la paz, la salud y la riqueza del pueblo iraní. Cualquier acuerdo que firme el régimen es táctico, diseñado para retrasar y obstruir. Y si la supervivencia del régimen dependiera de llegar a un acuerdo —un acuerdo que se consideraría bueno para Estados Unidos— Jamenei preferiría morir como mártir antes que rendirse.