Las relaciones no se profundizan por la ausencia de fricción. Se profundizan por fricciones que se han abordado honestamente. Lo llamo el "Impuesto al Confort": el coste oculto que pagamos cada vez que elegimos la paz temporal en lugar de la difícil verdad. Lo no dicho no desaparece, se metastatiza. El verdadero coste no es la conversación en sí. Es en quién te conviertes por no tenerlo.