Las señales de advertencia estaban ahí. Sinagogas incendiadas. Hogares y negocios judíos vandalizados. Los judíos abusaban y agredían. Hoy fue Sídney. Mañana será en otro sitio. Cualquier gobierno que no combata resueltamente el antisemitismo —o, peor aún, que contribuya a él— es cómplice.