Las lágrimas de cocodrilo de líderes, expertos y activistas que han pasado los últimos dos años demonizando al Estado judío, minimizando los miedos judíos, promoviendo estereotipos antisemitas e incitando disturbios antisemitas son simplemente nauseabundas.
Todos sois cómplices. Todos ustedes.
Las señales de advertencia estaban ahí.
Sinagogas incendiadas.
Hogares y negocios judíos vandalizados.
Los judíos abusaban y agredían.
Hoy fue Sídney. Mañana será en otro sitio.
Cualquier gobierno que no combata resueltamente el antisemitismo —o, peor aún, que contribuya a él— es cómplice.
Tzitzit manchado de sangre—una prenda ritual que llevan los judíos religiosos—tras el ataque a tiros que tuvo como objetivo una celebración de Janucá en la playa Bondi de Sídney.