Irán no es Siria. Irán no es Libia. Y tratarlo como cualquiera de los dos es un error de categoría. Esos países colapsaron porque el estado era el régimen. Quita al gobernante, y el país se disolvió con él. Irán es lo opuesto. Irán es una nación primero. Su identidad nacional no depende de la República Islámica. Si acaso, la República Islámica depende de suprimir esa identidad. Esa es la diferencia fundamental. Irán tiene un profundo sentido compartido de quién es. Un idioma común, tan antiguo como el tiempo mismo. Una historia continua que abarca miles de años. Una autoconciencia civilizacional antigua que precede a cualquier ideología. La gente de Irán no pregunta qué futuro debería tener Irán. Saben lo que es. Esto importa cuando los regímenes caen. Siria se fracturó a lo largo de líneas sectarias porque la secta era el principio organizador. Libia se fragmentó a lo largo de líneas tribales porque el estado nunca superó el dominio tribal. Irán, en contraste, está unificado contra el sectarismo impuesto desde arriba. La República Islámica gobierna a pesar de la nación, no a través de ella. Por eso las protestas en Irán ocurren con tal consistencia. Mismos lemas. Mismas demandas....