Intentar escalar la cima de un campo sin un guía es tan difícil como buscar un camino en la vasta desolación de una noche sin estrellas. Esto no solo es un desafío de conocimiento, sino también una prueba extrema de la mente y la resistencia. Primero, pierdes la brújula de la eficiencia. Cada dirección debe ser probada y error por ti mismo, cada trampa debe ser pisada personalmente. Un valioso tiempo y energía se gastan en caminos ya verificados por otros, el progreso es lento y acompañado de una gran frustración. La dificultad más profunda radica en las limitaciones cognitivas. No puedes distinguir cuáles son los puntos clave, es fácil quedarse atrapado en un ciclo de conocimientos superficiales, o caer en un período de estancamiento por creerse demasiado, sin darse cuenta, careciendo de ese "espejo" que puede reflejar tus propias deficiencias. Al final, es una guerra prolongada contra la autocrítica. Sin la afirmación y orientación de los mayores, cada tropiezo puede sacudir la fe. Esa soledad de explorar en la oscuridad no solo requiere una comprensión y tenacidad excepcionales, sino también un poco de suerte, para poder tocar por casualidad la puerta correcta hacia la cima antes de ser completamente consumido por la confusión.