No exageres los días malos. Aunque tomes las decisiones correctas, puedes tener días malos. Aunque juegues tus cartas de la manera estadísticamente óptima, no ganarás todas las manos. Por eso es importante mantener la coherencia y no dejar que un solo mal resultado descarrile una buena tendencia general. Sí, eso puede ser complicado psicológicamente. Tendemos a ser reacios al riesgo y a reaccionar de forma exagerada ante resultados negativos. Pero puede ayudar alejarse y observar tu progreso en un plazo más largo. El juego a largo plazo es el único que importa: los juegos cortos solo importan en la medida en que su contribución al juego largo. Al mismo tiempo, no puedes usar eso como excusa para evitar medir el progreso y pensar críticamente sobre ello. Los días malos no importan si tomas decisiones estadísticamente óptimas, pero desde luego sí si no lo haces. Cada vez que hay un mal resultado, tienes que preguntarte si hay algo que puedas aprender de ello para llevar al futuro. A veces hay un fallo en tu razonamiento. Otras veces hay un fallo en tus suposiciones. Quizá no tenías toda la información clave desde el principio y deberías haber hecho una mejor diligencia. O quizá alguna información se reveló o cambió después de que tomaste una decisión y fuiste demasiado lento para reaccionar. No merece la pena castigarse por errores, a menos que sean errores que repitas una y otra vez. Los errores de una sola vez no te impedirán avanzar a largo plazo, pero los errores repetidos sí.