¿Recuerdas ese extraño sueño febril de una apertura en los Juegos Olímpicos de París? ¿El que parecía un mal viaje de ácido cruzado con un apocalipsis de virtud? Pues bien, esta vez Italia decidió comportarse como adultos por una vez, lanzando un evento serio y serio que no te hiciera cuestionar la cordura colectiva de la humanidad. Es casi la prueba de que Italia por fin está trazando una línea en la arena contra esa insidiosa toxina woke.