La muerte es la basurera de la cultura. Sin ella, el mundo se llena de ideas rancias que nunca se liberan ni se desalojan. El poder guarda la memoria para siempre. Las malas abstracciones se vuelven inmortales. La sociedad empieza a funcionar con código heredado escrito por personas que dejaron de recompilar sus creencias hace siglos. El progreso requiere olvidar. La renovación implica pérdida. Sin la muerte, la cultura simplemente no evoluciona.