"Para todas las partes implicadas", porque la cámara siempre es culpable. Es el mismo argumento que Daniel Miller hace contra Sandra en la película: "solo quieres crear espectáculo." Y que quede claro: inicialmente se negó a tuitear alegando que no quería ofrecer una plataforma, solo para cambiar de opinión cuando se hizo lo suficientemente popular como para que su intervención pudiera ser descartada como "una gota en el océano". Todo en esta mujer es un control de acceso. Una moralista entrometida que insiste en mantener la mano en el volante. Al mismo tiempo, se autodenomina aceleracionista. Ese es el mundo repugnante al que se dirige: siguiendo a la multitud tecnológica para aprovecharse del botín, mientras adopta una postura moralista y ensaya ideas infantiles sobre la supuesta maldad del medio. Probablemente no por malicia, sino por pura estupidez.