Los cristianos deben espabilar y reconocer el curso irreconciliable de colisión en el que se encuentra esta nación con el proyecto ideológico del progresismo. Lo que hemos visto hoy —activistas ideológicamente trastornados irrumpiendo en una iglesia, asustando a niños e intimidando a los fieles— no es un error; Es una característica de una visión del mundo enferma alimentada por la anarquía y fomentada por gobernantes irresponsables que debe ser derrotada de forma decisiva. La política no está pensada para cambiar corazones: está pensada para ordenar la sociedad promoviendo lo bueno y metiendo a manifestantes como este en la cárcel. La única salida es atravesar.