El problema no es Irán como nación ni su pueblo. Irán es un país con una larga historia y una civilización rica. El problema radica en un sistema que ha priorizado el control y la coacción interna, incluso hacia sus propios ciudadanos y minorías, en lugar de una gobernanza basada en la responsabilidad y el consentimiento. La estabilidad duradera llega cuando los estados actúan en verdadero interés de su pueblo. Apoyar al pueblo iraní requiere claridad, principios y una clara separación entre una nación y las políticas que se le imponen.