Sigo esperando que la retórica de la administración sobre Groenlandia no sea más que una postura para una nueva era de cooperación, porque cualquier intento de reclamar o tomar el territorio por la fuerza degradaría tanto nuestra seguridad nacional como nuestras relaciones internacionales. Tenemos una larga historia de estrecha cooperación con Groenlandia, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial y continúa hoy con la Base Espacial Pitufik, y siempre hemos podido alcanzar nuestros objetivos comunes mediante una sólida diplomacia con su gente. Mientras Groenlandia traza su futuro, debemos verla como un aliado, no como un activo, y centrarnos en la continuidad de la colaboración en lugar de la posesión.