Cuando ves cómo los estadounidenses sacan a un jefe de Estado (con una población el doble de grande que Irán) del corazón de su capital, atrincherado en un búnker y listo para enfrentarlos, y acabar con él ileso y sin perder ni un solo soldado, te das cuenta de que existe una brecha inimaginable entre sus capacidades y las del resto del mundo.