Hoy conocí a un hombre ciego que viajaba completamente solo. Parecía tener unos 30 años, era tranquilo, seguro de sí mismo e independiente, y verlo moverse cuidadosamente por un mundo que no puede ver me hizo reflexionar profundamente sobre el futuro y sobre Neuralink. La gente no siempre se da cuenta de lo grande que será Neuralink para la humanidad y para quienes viven sin vista cada día. Debe haber miles, quizá millones, de personas como él cuyas vidas podrían cambiar por completo cuando por fin puedan volver a ver. A menudo hablamos de la tecnología de forma abstracta, pero para las personas que viven sin vista esto no se trata de comodidad ni de mejoras, sino de libertad y posibilidades. No puedo esperar a que esto se haga realidad. Ese hombre podrá verlo algún día, de verdad lo creo. Buena suerte, Neuralink.