Cada vez que paso por un pitbull en la calle, se me cae el corazón. Evito el contacto visual y la tensión de imaginar que me destrozan. En 2026 debemos estar de acuerdo colectivamente en que los pitbulls no pertenecen a las zonas urbanas o suburbanas. Quizá deberían estar en granjas apartadas, pero también en el infierno