La ley de reclutamiento en la agenda es una terrible y criminal catástrofe nacional. No puedo imaginar una situación en la que un Estado judío y democrático imponga sanciones y niegue derechos (licencia, viajes al extranjero, título académico, representación en el servicio público) a ciudadanos cuyo pecado es el estudio de la Torá. La ley en su forma actual es una vergüenza para el Estado judío.