No hay decisión más precisa y justa que la mía de cerrar nuestra embajada en Dublín, poco después de asumir el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores. Dublín se ha convertido en la capital mundial del antisemitismo. La obsesión antisemita irlandesa y antiisraelí es repugnante. El Ayuntamiento de Dublín ha decidido retirar el nombre de Chaim Herzog —el sexto presidente del Estado de Israel, que creció en Dublín y cuyo padre fue el Gran Rabino de Irlanda— de un parque de la ciudad. Lo que no se puede eliminar es la vergüenza de la obsesión antisemita y antiisraelí irlandesa.