Operar entre 16 y 19 horas al día nunca se trata solo de dinero. Perseguimos la ilusión de control en una vida que se siente caótica. La pantalla nos ofrece un mundo que responde al instante. Una vela verde nos dice que importamos, una vela roja nos dice que lo intentemos de nuevo. Se convierte en un bucle que se siente como un propósito, incluso cuando en realidad es solo dopamina fingiendo disciplina. Debajo de todo eso, no perseguimos la riqueza, perseguimos la certeza. Queremos sentir que sabemos lo que viene a continuación. El mercado nunca confirma nada, solo nos insinúa. Así que seguimos pegados al resplandor, porque alejarse se siente como rendirse. Esto aparece en todas partes de nuestras vidas. Odiamos el tiempo sin estructura. Evitamos el riesgo emocional. Confundimos actividad con progreso. Nos cuesta tener problemas en las relaciones porque no existe una tabla que explique lo que siente alguien. Con el tiempo, nuestra identidad se funde con el resultado. Un buen día nos hace brillantes. Un mal día no nos convierte en nada....