La computación cuántica es fascinante y poderosa, aprovechando principios mecánicos cuánticos, como la superposición, el entrelazamiento y la interferencia, para resolver problemas que ninguna computadora clásica podría. Pero hay algo que una computadora clásica puede hacer que un procesador cuántico no puede: CTRL-C CTRL-V
El teorema de no clonación dice que no puedes copiar un estado cuántico desconocido arbitrario sin perturbarlo. Esto rompe una serie de trucos clásicos de los que dependemos todo el tiempo en todos los niveles de la computación clásica: - Copiar estado → operar en la copia - Distribuir señales - Almacenar resultados intermedios - Reintentar mediante duplicación
En resumen, nuestro concepto actual de RAM no funciona en el paradigma de la computación cuántica. No puedes simplemente "leer" una dirección de memoria sin potencialmente colapsar la superposición del registro de direcciones o de los datos en sí.
En otras palabras, el "estado" en el sentido clásico es un recurso infinito, ya que simplemente puede ser copiado y utilizado en cualquier lugar. Los estados cuánticos, por otro lado (incluidos los estados entrelazados que alimentan el algoritmo de Shor), son efectivamente *creados* y luego *consumidos*
De hecho, esta realidad crea una de las mayores barreras para un CRQC. En algoritmos como el de Shor, el mayor sobrecoste es cultivar un conjunto específico de estados entrelazados y teletransportarlos al circuito, todo de manera tolerante a fallos.
A la luz de este hecho, el estado actual de progreso en la computación cuántica que se ha logrado en el último año ha sido extraordinario. La computación cuántica representa la frontera en muchas disciplinas: teoría de la información, informática, física e ingeniería. Realizar una computadora cuántica tolerante a fallos, por lo tanto, representará uno de los avances tecnológicos más importantes para la humanidad.
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