La física cuántica está reescribiendo todo lo que sabemos sobre la realidad, incluso el significado de la muerte. En lo profundo del extraño mundo de las partículas subatómicas, los investigadores han descubierto que el tiempo, el espacio y la materia se comportan de maneras que desafían el sentido común. Las partículas pueden existir en dos lugares a la vez, cambiar su comportamiento cuando son observadas e incluso parecer ser influenciadas por eventos futuros. En este extraño marco, la conciencia no es solo un testigo pasivo, podría ser una parte clave de cómo se forma la realidad. Esto ha llevado a algunos científicos y filósofos a una idea audaz: ¿y si la conciencia no termina cuando lo hace el cuerpo? Teorías como el biocentrismo sugieren que la conciencia no es un producto del universo, sino su misma base, una fuerza creativa que da forma a la realidad misma. Desde este punto de vista, la muerte no es un punto final, sino un cambio, como cambiar frecuencias en un campo cósmico infinito. El yo podría no desaparecer, sino moverse a otro nivel de existencia dentro del paisaje cuántico. Incluso el tiempo parece perder sus límites en la física cuántica. Algunos experimentos muestran que las partículas pueden "decidir" su estado después del hecho, como si el tiempo pudiera fluir hacia atrás así como hacia adelante. Si eso es cierto, entonces quizás la vida tampoco sea lineal. La muerte podría ser menos un final y más una transformación, un pasaje a otra capa de realidad más allá de nuestra percepción actual. En el universo cuántico, los finales pueden ser simplemente comienzos disfrazados. 🌌 Fuente: Grupo de Investigación de Fundamentos Cuánticos y Revista de Física Teórica, 2025.