Además de los gritos de los fantasmas que ahuyentan a los residentes de la frontera antes de la guerra, me encontré con una lucha mágica aún más extraña: una es un hechizo de un mago camboyano sobre un F16 tailandés, y la otra es un monje tailandés que bendice el avión para protegerlo. Tras verificar, parece que ambas son historias reales; el hechizo del mago camboyano sobre el F16 probablemente ocurrió recientemente (o al menos ha comenzado a circular recientemente, reflejando el subconsciente del pueblo camboyano), mientras que la bendición del monje es un video de hace unos años. Estos tres eventos demuestran plenamente que el núcleo cultural del sudeste asiático es un realismo sudesteasiático muy puro y muy orgánico: en esta tierra, las armas, la política, la religión y los espíritus nunca son relaciones excluyentes, sino sistemas paralelos. Externamente, es una guerra de información y de moral; internamente, se trata de apaciguar los corazones de la gente y estabilizar la moral: ya sea a través de hechizos o de protección divina, se utiliza la "explicación sobrenatural" para decir a los soldados y al público: "Aquí tenemos cielo, tenemos Buda, tenemos protección". Así que, aunque parezca una superstición, la lógica es muy clara: cuando la narrativa de la guerra moderna ya no puede contener el pánico y la incertidumbre, la religión y la magia son nuevamente traídas al escenario, como un arma psicológica de bajo costo, alto valor emocional y altamente adaptable a lo local, para estabilizar el ánimo de nuestro lado y debilitar la moral del adversario.