Enviado a mí por un pequeño agricultor familiar- Una historia de Acción de Gracias: Los peligros de un "almuerzo gratis" Enviado por un agricultor local Hace muchos años, en nuestra granja familiar, manteníamos un bullicioso gallinero de pavos lleno de aves que alimentábamos diligentemente cada día, engordándolos para las ultimas fiestas de Acción de Gracias. Una fresca mañana de otoño, posados en lo alto de un imponente sicómoro junto al gallinero, avistamos a dos pavos salvajes. Miraban con anhelo hacia el recinto, observando a sus hermanos domesticados que estaban siendo alimentados generosamente—y de forma gratuita. Intrigados por su aparente envidia, decidimos poner a prueba su determinación. Un día, abrimos cuidadosamente la puerta del gallinero, manteniendo guardia para evitar que los pavos cautivos escaparan. Para nuestra sorpresa, los salvajes entraron sin dudarlo. Rápidamente cerramos la puerta detrás de ellos y comenzamos a incluirlos en las alimentaciones diarias junto a los demás. Durante el año siguiente, estos pavos que antes eran de libre pastoreo prosperaron en sus nuevos confines. Parecían contentos, mezclándose felizmente con sus amigos emplumados. Sin embargo, la vida fácil tuvo su costo—se volvieron notablemente obesos, mucho más regordetes de lo que sus contrapartes salvajes podrían llegar a ser en la naturaleza. Aun así, parecían satisfechos con el arreglo, nunca intentando huir. Cuando llegó la Acción de Gracias el año siguiente, sacrificamos la bandada como estaba planeado. Aquellos antiguos pavos salvajes resultaron ser los más gordos que jamás habíamos cosechado, proporcionando una comida excepcionalmente abundante. La moraleja de esta historia es clara: No hay tal cosa como un almuerzo gratis. Esta simple anécdota de granja sirve como una metáfora conmovedora de las trampas del "socialismo democrático", donde el atractivo de las ayudas puede llevar a consecuencias no intencionadas—y, en última instancia, costosas. Feliz Acción de Gracias