Lo que separa a las personas genuinamente inteligentes de aquellas que solo son conocedoras no es que sus neuronas disparen más rápido. Es que han construido caminos más diversos. Han practicado fallar de diferentes maneras. Han obligado a sus cerebros a resolver problemas utilizando múltiples enfoques, lo que significa que cuando la solución estándar no funciona, ya tienen rutas de respaldo mapeadas.