Solía amar a mi esposa porque ella lo merecía. Cuando ella era amable, yo era amable. Cuando ella me respetaba, yo la respetaba. Cuando no lo hacía—yo tampoco. El matrimonio era una transacción. Un balance. Daba lo que recibía. Nada más. Entonces un domingo nuestro pastor dijo algo que no pude sacudirme. "La forma en que tratas a tu esposa es la forma en que tratas al Señor." Pensé que estaba siendo poético. No lo estaba. Esa noche miré a mi esposa. La miré de verdad. Estaba exhausta. ...