Está bien tener a este aparatchik de relaciones públicas del gobierno iraní en tus distintos programas, pero no desafiarle nunca en NADA es absurdo — solo te convierte en participante en sus esfuerzos propagandísticos. Lo mismo ocurre si hubieras tenido aparatchiks de Estados Unidos, Israel o de los estados árabes del Golfo y nunca los desafiaras