Boehme escribió una clave para sus propios escritos en 1624. La primera instrucción es: no los leas solo por fuera, con agudas especulaciones. La segunda: si no puedes entenderlas, no las deseches, sino que vuelvas a pensar en Dios y vuelve a leer. La tercera: verás más y más en ellos cada vez, hasta que te sientas atraído por la profundidad misma. Cuatrocientos años después, esta sigue siendo la única instrucción que importa para leer algo real. No entiendes un libro a la primera. No entiendes a una persona a la primera. Comprender no es un acontecimiento. Es una práctica.