Digamos que pones a 88,000 monos frente a un teclado y una cuenta de corretaje y los dejas comprar y vender acciones durante 10 años. Cuando termina, miras los resultados y, sorpresa, un mono lo hizo increíble. Nunca perdió más del 3%. Aprovechó cada subida, esquivó cada caída. Parece un genio. Pero no es un genio. Solo es el mono más afortunado de 88,000. Si le das a ese mono dinero real mañana, no tiene idea de lo que está haciendo. Nunca lo tuvo. Es una coincidencia con un abrigo de laboratorio.