Durante años, "Rusia, Rusia, Rusia" fue el principal estribillo que escuchamos sobre las operaciones de influencia extranjera. Se convirtió en un arma y fue reduccionista. Mi informe reciente al Congreso reconoce y discute la actividad de Rusia, pero también de China, que financia de manera generalizada la actividad "protesta" de izquierda: