Justo antes de la reelección de Trump, asistí a una conferencia privada de tecnología en Silicon Valley. Durante la cena, la conversación estuvo dominada por un tipo de tecnología que hablaba de maneras que me recordaban a los fascistas de los años 30 como Mussolini. Se lo señalé, y él respondió, sin ironía: “Sí, creo que deberíamos ponernos un poco fascistas.”